VEUVE-CLICQUOT

En 1798, el fundador Philippe Clicquot decide utilizar un ancla, símbolo de origen cristiano que representa la esperanza, como marca de corchos y único signo distintivo antes de la aparición de las etiquetas. Dicha ancla acompañará sus deseos de prosperidad para su joven empresa. Madame Clicquot siguió recurriendo a la misma marca de corchos cuando se hizo cargo de la empresa en 1805. Al conservar la marca del ancla a lo largo de los siglos, Veuve Clicquot Ponsardin mantiene su apego a los signos de sus orígenes.

El champagne es un gran vino. Toda la historia de la Maison Veuve Clicquot está marcada por los Grandes Vinos que han respetado la exigencia de calidad que obsesionaba a Madame Clicquot.

Fiel a esta herencia, la Maison se rige por una máxima: "Solo una calida, la primerísima". El respeto por la calidad responde al recuerdo de una tradición compuesta solamente de diez bodegueros que avalan la perennidad de un estilo propio, mezcla de poder y complejidad.

En 1772, las intenciones del fundador Philippe Clicquot eran muy claras. A la sazón, publicó un aviso en el diario Gazette de France para anunciar que "funda un negocio de vinos de la región de Champagne bajo la marca Clicquot" con la intención de traspasar las fronteras del reino y conseguir que los extranjeros puedan disfrutar de la delicadeza de los vinos de la región de Champagne. A partir de entonces, el destino de la empresa se rige por este objetivo que logra plasmar con numerosas expediciones hacia Italia, Alemania y Suiza al año siguiente, a Rusia a partir de 1780, Estados Unidos en 1782...